Al salir de la casa de los Morán, Salvador condujo directo al hospital.
Durante ese último año, cada fin de semana había ido a verla, salvo cuando estaba fuera de Ciudad Muonio o tenía compromisos que no podía rechazar.
Martina se encontraba en la suite del fondo, en el piso VIP. En esa ala reinaba la calma y el aire no despedía un olor fuerte a desinfectante.
Al pasar por la estación de enfermería, las chicas le sonrieron.
—Buenas noches, señor Morán.
—Buenas noches.
Salvador asintió con una le