Capítulo 1605
Al día siguiente, la isla amaneció con lluvia.

Martina se levantó más tarde de lo usual y Salvador decidió juntar desayuno y comida en uno.

Habían preparado una olla de caldo de huesos al centro, sin picante; con el clima fresco caía perfecto. Había de todo para ir echando a la olla, y el fondo lo había hervido desde el día anterior. Salvador se encargó de cocinar; Martina, de comer. Y, por raro que había sido en esos días, le regresó el apetito.

—Qué rico está… ¿por qué será?

—Porque lo hice yo
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