—Pff.
Salvador no pudo evitar reírse.
—Entonces estoy de suerte: mientras esta cara siga aquí, tú te quedas para siempre.
—¿Mm? ¡Mm! Se puede entender así. —Martina soltó una carcajada.
Él bajó la cabeza y apoyó su frente en la de ella.
—Yo lo sé —murmuró Martina—. Siempre has sido bueno conmigo, no me harías daño. Si puedo pasar más tiempo sola a tu lado, lo voy a hacer.
Al oírla, a Salvador se le humedecieron los ojos. Cerró un instante los párpados.
—Te voy a cuidar bien. Siempre, siempre.
—A