El temporal seguía con viento y lluvia; no daba señales de irse.
Después del caldito con raviolitos, Martina quedó más que satisfecha. Buscó un cojín limpio y le armó a la perrita una camita improvisada.
—No podemos salir a comprar hoy —le acarició la cabeza—. Te debo un nido de verdad; con esto te vas arreglando, ¿sí?
—¡Guau…!
La cachorrita respondió bajito, como si entendiera.
—¿Qué dices, eh? —Martina le frotó el mentón.
—Dice “gracias” —rió Salvador.
—¿Sí? —ella siguió el juego—. De nada, ch