—Está bien.
Al final Salvador aceptó y asintió, pero volvió a advertirle:
—Ponte el reloj con localizador. Si pasa algo, me marcas.
—Gracias —Martina sonrió de medio lado y se acomodó para salir.
—¡Marti! —la sujetó por la cintura—. ¿Así nada más me das las gracias? ¿Solo de palabra?
—¿Y cómo quieres que te agradezca?
—Aquí… —se señaló los labios—. Un beso, ¿sí?
Llevaban días sin más que abrazos. Ella vaciló, apretó los labios.
—Está bien.
Se acercó hasta rozarlo y, en el último segundo, torció