Salvador se agachó a su lado y empezó a palmearle la espalda con suavidad.
Cuando Martina por fin dejó de vomitar, él le pasó unas toallitas para que se limpiara la boca y preguntó:
—¿Sientes que vas a volver a vomitar? ¿Quieres enjuagarte?
—Ajá.
Martina asintió. Salvador la incorporó de un brazo, la sostuvo contra su pecho y abrió la llave para que se enjuagara.
Con el sabor fuera de la boca, ella se sintió un poco mejor y le hizo una seña con la mano para que la soltara. Él, como si no hubiera