Salvador se frotó el entrecejo, la siguió un par de pasos y la fue calmando:
—No es que te quite la comida. Si quieres, mañana le pido a Teresa que lo haga otra vez. ¿Sí?
A duras penas, por fin logró contentarla.
Martina subió a bañarse. Cuando bajó y no lo vio, un olor a hierbas calientes llegó desde el corredor. Debía ser su medicina.
Siguió el aroma y lo encontró agachado en la galería exterior, concentrado frente a una olla.
¿Él mismo estaba preparando el remedio?
A esa hora Teresa ya se hab