Se volvió a mover de un lado a otro y, al rato, regresó con una charola de metal donde llevaba unas hojas secas, delgadas, casi como tiras de alga.
—¿Qué es eso? —preguntó Martina, curiosa.
—Para ahuyentar mosquitos —explicó Salvador—. La gente de la isla lo usa así; funciona muy bien.
Encendió las hojas con el encendedor y, al arder, llenaron el aire con un aroma fresco y suave.
—Huele rico —Martina aspiró, satisfecha.
Salvador colocó la charola a los pies de ella y sacó de su bolsillo una caji