Después de comer, Martina subió a siesta y Salvador se fue al despacho a adelantar trabajo. Para que nadie diera con ellos, había apagado el celular; aun así dejó el wifi activo para correos y la línea fija disponible. Si surgía algo que no pudiera esperar, Manuel sabría cómo localizarlo.
Cuando terminó, volvió a la habitación. Martina ya estaba despierta, sentada sobre la cama, con la mirada perdida.
—¿En qué pensabas? —sonrió, sentándose a su lado para despeinarle con cariño el flequillo—. And