Salvador no entendió qué tenía de gracioso; no dijo nada, solo la miró.
—De verdad que eres chistoso —Martina se reía hasta agarrarse el vientre—. Cuando fuimos novios y cuando fuimos esposos, jamás te escuché decir eso.
—Marti…
—¡Salvador! —cortó la risa de golpe—. Estás enfermo. Te fascina andar a escondidas, ¿verdad? Antes con Estella, ahora conmigo. Con tal de no vivir de frente con tu “actual”, ¿no?
—¡Estoy dispuesto!
Escucharla lo puso pálido, pero se tragó todo; al fin y al cabo, sí le de