Salvador le sostuvo la cara con ambas manos y, con una calma que la desesperó, le dijo:
—Marti, ya no hagas berrinche, ¿sí? Quédate tranquila aquí. No puedes ir a ningún lado.
Martina lo miró con los ojos muy abiertos. ¿Qué significaba eso?
—¿Vas a encerrarme?
—¿Encerrarte? —sonrió sin molestarse y señaló alrededor—. ¿Quién encierra a alguien en un lugar así?
—Entonces déjame salir —gritó con los ojos rojos—. ¡Ábreme la puerta!
—De acuerdo —soltó su rostro y señaló hacia la entrada—. Sal. La pue