De haberlo hecho, y enterarse hoy de que Luciana estaba libre, se habría querido arrancar el corazón.
La estrechó con fuerza, como si quisiera pegarla a su propia respiración.
Por fortuna, había estado lo bastante lúcido. Por fortuna, Fernando la soltó… y también se soltó a sí mismo. Visto así, el destino no había sido tan cruel.
Luciana notó su alegría muda; la compartió. Ya no hacían falta palabras. Habían caminado años en paralelo hasta llegar, por fin, al mismo punto.
Alejandro volvió a toma