—¿De qué te ríes?
A Salvador, la risa de Vicente le había parecido un alarde descarado: como si estuviera presumiendo que ahora entraba y salía de la vida de Martina con total libertad. Sí, estaba celoso.
¿Por qué él sí merecía una oportunidad y un perdón, y a él lo habían cortado en seco?
—¡Deja de reírte! —le habría arrancado esa sonrisa de la cara.
—Salvador —Vicente, como si lo obedeciera, dejó de sonreír de golpe y lo miró en frío—. Te equivocas. No me preocupa que veas a Marti. De verdad…