Capítulo 1538
Lo peor había sido la impotencia: temía que a Martina no le quedara tiempo… y que a él tampoco.

—Bueno, ya —Martina le palmeó el hombro a Vicente y miró a Luciana—. Los tengo a ustedes; son como mis hermanos de otra madre y otro padre. —Soltó una risita—. Con ustedes aquí, voy a aguantar.

***

En la entrada, Salvador seguía dentro del auto, sin animarse a irse. Ni él sabía por qué. Era una terquedad sorda, inexplicable.

Entonces salió Vicente.

A Salvador se le afiló la mirada. Últimamente, ¿no an
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