La verdad, con dos hombres yendo y viniendo, todo resultó mucho más llevadero.
Si Luciana hubiera estado sola, habría tenido que hacer filas y, al mismo tiempo, cuidar de Martina: un enredo.
Antes del mediodía ya habían terminado todos los estudios.
—Ay… qué hambre —Martina frunció la boca. Por las pruebas no había podido desayunar. Pensar en la comida del hospital no la entusiasmaba—. ¿Qué toca hoy aquí?
—Tranquila —Luciana la ayudó a recostarse—. No vas a comer del menú del hospital. Vicente y