A Marc le dolía su hermana. No había cumplido ni veinticinco años; ¿iba a quedarse su vida trunca justo en ese año? No. No. “Mi hermana tendrá un segundo veinticinco, un tercero, un cuarto”, se dijo.
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A los dos días, en la inauguración de un proyecto, Salvador Morán volvió a cruzarse con Marc Hernández.
Esta vez Marc no volvió a los golpes. Se comportó impecable: lo trató como a cualquier socio del mundo de los negocios. Sobró cortesía… y faltó cercanía. Sobre todo en la mirada: de vez en cua