Fernando encendió el equipo de sonido. Empezó a sonar un vals.
Se acercó con la palma hacia arriba y le tendió el brazo.
—¿Puedo?
¿La estaba invitando a bailar?
—¿No que estabas lleno? —bromeó Fernando—. Mejor: así hacemos digestión.
—Ajá. ¿Por qué no? —Luciana asintió.
Un tironcito suave y ella se puso de pie. La condujo a la sala.
Habían sido compañeros muchos años. Su primer vals lo bailaron en el auditorio de la escuela, en aquella fiesta de fin de año. Todo sencillo, casi austero; a esa ed