—Entonces, ella te busca… —Martina frunció los labios—. ¿Por qué no contestaste? Te necesita.
Salvador, a medio gesto de darle otro gajito de mangostán, se detuvo.
—¿Quieres que vaya?
—Mira lo que dices —le lanzó una mirada—. Es ella quien te quiere allá. No me cargues a mí la decisión.
—No es eso —Salvador arrugó el entrecejo; se le ensombreció la voz—. No me pidió que fuera. Está delicada y me encargó que la pusiera en contacto con el médico, el mismo que te revisó aquella vez. Es amigo de mi