Lo que dijo Luciana era cierto: había quedado de verse con Fernando. Justo entonces le sonó el celular. Lo levantó un poco.
—Vino por mí. Señor Morán, póngase cómodo; yo me retiro.
—Está bien. Que te vaya bien.
Mientras ellos se despedían, Martina se iba venciendo de sueño en el sofá.
Salvador se sentó a su lado; tanteó con los dedos la temperatura de sus manos. Al notar que ya no estaban frías, se las sujetó.
—A esta hora no te duermas; luego en la noche te cuesta.
—Mmm… —Martina bostezó—. No d