En ese instante, a Salvador se le tensó todo el cuerpo.
—¿Quién habla?
—Hola. Te mando la ubicación exacta. Tu esposa tuvo un percance; ¿puedes venir a recogerla?
—Ah…
Por el teléfono se oyó la voz de Martina y, enseguida, el hombre hablando con ella:
—¿Estás bien? ¡No te muevas!
Esa breve conversación le dejó el corazón en la garganta.
—Voy para allá.
***
Siguió la ubicación y encontró a Martina en el puesto de salud de la alameda. Ella estaba en la sala de espera; frente a ella, en cuclillas,