—¡Estella!
Salvador ya no podía con lo que veía. “Todo lo que pasó hace un minuto, ¿no lo viste?”, pensó. ¿Cómo bastaban dos frases de Renato para que ella se encogiera así?
—La equivocada no eres tú. Despierta. Confía en tu criterio, ¿sí?
—Yo… —Estella se quedó sin palabras. Quería, pero negó con la cabeza—. Salva, no puedo separarme de Renato. No puedo vivir sin él.
“¿Por qué?”, estuvo a punto de preguntar. “¿Qué tiene este hombre para que valga tanto?” Se tragó la pregunta. Era su vida. Los a