—Claro, si te sientes incómodo…
—No —Alejandro negó, igual de sereno que ella.
Leyó su tensión y la ablandó con la voz:
—Este es el día de Salvador y Martina. Los demás somos secundarios. No hay que darle vueltas.
—Ajá.
Eso le aflojó los hombros a Luciana.
Volvió el silencio entre ambos. Por suerte, Alba salió en ese momento.
—¡Mamá! ¡Papá!
Los dos, sentados en extremos opuestos del sofá, levantaron la cabeza a la vez.
Alba venía con su vestidito de ceremonia. Alejandro extendió los brazos por r