—Alba, vámonos, mi amor. Mamá te espera en casa —la llamó Elena, haciéndole señas con la mano.
—Señora, disculpe, nosotros ya nos vamos —dijo Lucy Pinto con una sonrisa cortés.
—Sí, claro.
A Kevin no le daba la gana separarse de Alba; ni siquiera había compartido con “la hermanita” las golosinas de su mochila.
—Hermana, ya me voy.
—Espera —se apuró Kevin; de puro nervio, le pasó la mochila entera—. Aquí hay puras cosas ricas. Todas para ti.
Alba pestañeó. Sin su mamá al lado, no sabía si podía a