—¿Qué te pasa? —Enzo se sentó a su lado y le tocó la cara.
Lucy abrió los ojos de golpe. No había estado dormida. Al verlo, le aferró el brazo con rabia.
—¡Es por tu culpa! ¡Todo esto es por ti! ¿Qué hice tan mal para que me hicieras esto? ¡Me hiciste abandonar a mi hija más de diez años, y ahora ni siquiera podemos mirarnos como madre e hija!
Enzo lo entendió al instante: era por Luciana.
Frunció el ceño.
—¿La… viste?
No solo la había visto. Por cómo hablaba, probablemente Luciana ya sabía la v