—Luci…
Por un instante, Lucy sintió como si un cuchillo le atravesara el pecho. Apenas pudo mantenerse en pie. Esa escena la había perseguido en sueños: su hija mirándola como a una enemiga. Soñarlo dolía; vivirlo arrancaba la carne.
—Tch —Luciana soltó una risa seca, conteniendo a la fuerza las lágrimas—. ¿Por qué eres tan egoísta? Te pedí que no hablaras y aún así lo haces. ¿No escuchaste? No quiero oírlo.
—Yo… —Lucy perdió el suelo. Ya no pensaba con claridad—. Perdóname, no quise… —se aferró