—Marti, ya te dije: si estás molesta, descárgate conmigo…
—¿Descargarme contigo?
Martina soltó una risa fría. —Claro: si me hago daño, te hago pedazos a ti. Señor Morán, ¿no te duele verme así? ¿No te parte el alma?
—¿Lo sabes?
Salvador se quedó sorprendido, sin saber qué decir.
—Yo pensaba que no entendías nada. Si sabes que me duele, ¿igual quieres terminar?
—¿De veras te duele por mí?
La mirada de Martina se volvió hielo. —¡Eres un cobarde, Salvador! Ni siquiera te atreves a admitir por quién