Dicho eso, se puso de pie y salió.
Martina abrió los ojos de golpe y siguió con la mirada su espalda; un velo de agua le nubló la vista. ¿Todavía estaba ahí?
Ya se había lanzado del carro y ni así podía librarse de él.
Afuera del cuarto alcanzó a oír la conversación de Salvador con el médico.
—¡Le duele mucho!
—No han pasado ni veinticuatro horas; sigue en observación. Sobre todo con el golpe en la cabeza, una inyección para el dolor ahora podría encubrir síntomas…
—¿Entonces qué propone? Si no