A diferencia de Luciana, Martina sí había visto a esa mujer una vez más… No recordaba bien cuándo ni dónde, todo se le mezclaba. Lo único nítido: Salvador y su novia estaban solos; él le cargaba bolsas y cajas, atento, suave, casi exageradamente tierno…
—Marti.
El color se le fue de la cara. Luciana le tomó la mano y notó el frío.
—¿Qué pasa?
—Nada —tiró de la comisura, queriendo sonreír.
La sonrisa le salió peor que un llanto.
Luciana entendió sin que se lo dijeran.
—No te hagas ideas —le habló