Afortunadamente, al tantear encontró el celular en el bolsillo.
Lo desbloqueó y, con la luz tenue de la pantalla, examinó el sitio y su propio estado.
Su condición no era tan mala: el uniforme táctico amortiguó los golpes y, salvo rasguños, no había heridas abiertas. El dolor muscular era soportable; si tuviera huesos rotos, ni siquiera podría moverse.
Tras checarse, observó alrededor.
Parecía una caverna. Había rodado desde arriba y, sin equipo de ascenso, regresar por la misma ruta era imposib