—¿Por qué…?
¿Cómo es posible que al fin la encuentre y aun así no pueda hacer nada?
—Luci… Luci…
Sintió cómo la temperatura del cuerpo que estrechaba descendía poco a poco; la respiración, antes trabajosa, se volvía imperceptible.
—Dime qué hago —rogó, sin saber si hablaba con ella o consigo mismo.
Entonces se le encendió una idea: sangre.
Recordaba que la glucosa circula en el torrente sanguíneo. No estaba seguro de qué tan útil resultaría, pero Luciana no podía contestar; no había tiempo para