—Es verdad —Alejandro se rio al ver la cara de asombro de madre e hija—. Todo lo que tenemos en casa está aquí… solo que el lugar es un poco más chico.
¿¡Más chico!? Luciana le lanzó una mirada divertida. ¿Se estaba luciendo… o presumiendo?
—¡Tíooo! —la pequeña Alba se acurrucó en su pecho, soltando carcajadas—. ¡Estoy feliz!
Y de verdad lo estaba. ¿Qué niña no sueña con que la traten como a una princesa?
Alejandro la abrazó y besó su cabello:
—Si estás feliz, yo también.
—¡Guau! —de pronto la