—¿Qué más quieres decir? —preguntó Enzo, hastiado.
—¡Enzo! ¡Te lo repetiré por última vez: vuelve ahora mismo! —el alarido casi rompió el auricular.
Pero él repitió lo de siempre:
—Voy a colgar…
—¡Enzo! ¡Cómo te atreves…! —la mujer chilló, fuera de sí—. ¡Ya verás! ¡No te arrepientas después! ¡Tú me obligas, todo esto es culpa tuya!
Enzo frunció el ceño; un escalofrío le recorrió la espalda.
Desde la sala llegaron las voces de Kevin y su madre.
—¡Mamá, prueba esto!
—Claro…
El corazón de Enzo se a