El pijama hospitalario yacía en el suelo; se abotonaba una camisa.
¿Pensaba salir?
—¡Alejandro!
Desesperado, Sergio jugó la carta de Luciana.
—Si Luciana se entera, se va a enojar mucho.
Tal como esperaba, Alejandro se detuvo, vacilante.
—Entonces… ¿por qué no la llamamos para pedirle permiso?
Sergio no salía de su asombro: el presidente del Grupo Guzmán necesitando “permiso” para salir… increíble.
—De acuerdo, llamo yo.
Estaba seguro de que Luciana lo frenaría.
Pero el teléfono no conectó; tras