—¿Dificultades?
Alejandro lo miró de soslayo, pura ironía.
—¿Te refieres a casarte con mi mamá y, a sus espaldas, enredarte con su hermana menor? ¿A esas dificultades? Lo siento, los que somos normales no entendemos ese tipo de cosas.
Daniel se quedó lívido.
Alejandro ni siquiera se dignó a mirarlo de frente; su voz era puro hielo.
—¡Fuera! Antes de que te saque a golpes. —Entornó los ojos con desdén—. A fin de cuentas, ya eres mayor; un anciano.
—¡Alejandro!
Daniel no pensaba marcharse; había v