Capítulo 1031
Él vio en esos ojos una valentía casi desesperada y se le encongió el alma.

—¿Incluso quedarte a mi lado para siempre? —bromeó con amargura.

Luciana quedó congelada, los hombros temblorosos.

Alejandro negó suavemente.

—No respondas. Fue un decir. Te prometí que, pase lo que pase, cada uno jugará con sus propias cartas… Yo buscaré la medicina, no porque me debas nada, sino porque quiero verte tranquila.

En realidad, el corazón se le había acelerado cuando ella abrió la boca.

Si Luciana no estuvie
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