—Lu… Luciana —insistió Victoria, casi suplicando—. Te lo ruego.
Pasó un segundo eterno. ¿Cómo pedírselo? Antes de articular palabra, oyó pasos en el pasillo; Alejandro regresaba. Cerró la conversación con premura.
—Tía, ahora no puedo hablar. Luego la llamo.
Colgó justo cuando él entraba. Alejandro notó el teléfono en sus manos.
—¿Te interrumpí? —preguntó, arqueando la ceja.
—No, ya terminaba —sonrió ella—. Ve a cambiarte; yo bajo a estar con Alba.
—De acuerdo —asintió Alejandro, siguiendo con l