—¡Pasa! —dijo con la boca llena, sin alzar la vista—. Ni siquiera está cerrada.
El lugar casi nunca recibía visitas, de modo que supuso que era otro compañero. El silencio la hizo dudar; levantó la cabeza y vio, algo cohibido, a Vicente —a quien no veía desde hacía tiempo— con varias bolsas en la mano.
—Marti…
Martina dejó a un lado la cajita del almuerzo y lo miró con resignación.
—¿Ahora qué haces aquí?
Desde la licenciatura los dos andaban siempre en el servicio de Radiología; los compañeros