Mundo ficciónIniciar sesiónAidan se habría echado a reír a carcajadas ante semejante estupidez, pero una sola palabra de aquella anciana, una sola, había hecho que el alma le temblara, y esa palabra era «blanca».
—¡Lidora, por favor, deja de molestar al Alfa! —cuando la voz del general Nader hizo eco en la habitación, Aidan le arrancó el paño manchado de la mano y lo metió en uno de los bolsillos de su pantalón.
—N







