La puerta se abrió y entró Mikhail con dos tipos. Yo los miré y les sonreí. Este tipo era demasiado imbécil como para ser un mafioso.
—Ellos serán tus primeros clientes. Y sí, van a pagarte. Por eso no te preocupes; en este lugar, si no produces, no sirves. Así que bienvenida a tu nuevo trabajo —me dijo.
Me reí, me levanté de la cama y lentamente me quité la chaqueta que tenía. Los dos tipos me miraron embobados. Uno de ellos se acercó a mí y empezó a lamer mi pecho. Era lo más asqueroso que ha