Regañar a Mikhail se convirtió en mi deporte favorito; este hombre no aprendía. Siempre quejándose del dolor en su espalda, pero cuando Denis le pedía hacer algo, iba gustoso a hacerlo. ¡Dios santo! Cómo me desesperaba.
—Relájate, la línea en tu frente es más profunda hoy —me dijo mi hermana, pero no podía dejar de fruncir el ceño. Mikhail iba a sacarme canas verdes.
—Él aún está convaleciente, pero por lo visto eso le importa una mierda. Que se joda. Te juro que como me diga que le duele algo