Cuando regresé a casa, fui directo a mi habitación a mirar cuán grave era lo que ella me había hecho. Me miré en el espejo y era un pequeño corte, nada de qué preocuparse.
La puerta de mi habitación se abrió. Volteé para ver quién era y era mi madre, que me miraba con el ceño fruncido. Ella se acercó a mí y observó el corte que tenía en el pómulo.
— Dijiste que dejarías esta vida. Se supone que Alma crecería en un buen hogar, sin miedo, pero veo que solo fueron palabras vacías.
Miré a otro lado