Después de desayunar y medio bañarme, Jacob me llevó a la enfermería. William me saludó mientras atendía a un tipo que tenía una enorme cortada en el vientre.
— ¿Qué le pasó? — Le pregunté a William, mientras Jacob se sentaba, mirándome fijamente.
Volteé a verlo y le puse mala cara.
— Una riña, nada grave, pero esto debe limpiarse antes de que se infecte — contestó William.
— ¿Puedes dejar de observarme? Me estás poniendo nerviosa — le dije.
Él me miró muy mal, y yo le saqué la lengua.
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