Una semana después.
El funeral de Silvio fue bastante emotivo, demasiado para un traidor como él, y me molestaba muchísimo, ya que mi familia ni siquiera pudo tener uno.
— ¿Estás bien? — me preguntó Fabien, que estaba a mi lado.
— Ni siquiera sé dónde están sepultados mi padre y hermanos — le dije con un nudo en la garganta.
Fabien me acercó a él, yo oculté mi cara en su pecho y lloré, yo ni siquiera había tenido tiempo de llorar su partida, me habían arrebatado todo eso. Fabien me apartó, me t