Tenía que hablar bien con Muriel, ella no podía llevarse una mala impresión mía. Yo era un hombre culto, educado, bueno en la cama, sexy, millonario y un muy buen besador. Yo era casi perfecto. Le iba a demostrar que no iba a encontrar un mejor hombre en esta tierra.
La puerta del sauna se abrió y entró Vlad con su típica mala cara. Yo lo miré y respiré profundamente.
— Mikha, Salvatore quiere hablar contigo — me dijo.
¿Qué carajo quería Salvatore? ¿Y por qué tenía que venir a molestarme a es