Carolina y yo salimos de la habitación, ella estaba hecha un desastre y yo… bueno, me veía como un auténtico demonio.
— Veo que se divirtieron — me dijo padre.
Yo le sonreí de lado.
— ¿Has hecho lo que te pedí? — le pregunté.
Él asintió con la cabeza. Carolina me quedó mirando sin comprender.
— ¿Pasa algo? — me preguntó.
Yo negué con la cabeza.
— Todo está bien. De hecho, todo está perfecto — le contesté.
Ella solo asintió.
— Ocúpate de Coppola, quiero que esté fresco para ese día — le