Apenas Piero salió del lugar, tanto William como el otro hombre allí se pusieron en movimiento. William atendió rápidamente a Jacob; el otro tipo me ayudó a sentarme. Jacob estaba sangrando abundantemente; se iba a morir por mi culpa.
— Lo siento, de verdad — le dije llorando.
Jacob me miró mal.
— Deja de llorar, me estás molestando — me dijo.
En su rostro no había expresión alguna; parecía como si no le doliera.
— ¿Se va a morir? — le pregunté a William.
— Deja de llorar o te lanzaré del balcó