Mientras iba en el coche, iba sonriendo; me sentía ligero, como si un peso se hubiera quitado de mis hombros.
— No puedo creer que estés enamorado de esa mujer — me dijo Jacob.
Miré a Jacob por el retrovisor y le sonreí.
— Cálmate, simplemente me estoy divirtiendo — le dije.
— Si Piero se entera de tu estúpido enamoramiento, irá tras ella. ¿Quieres que le pase lo mismo que a la chica de Mariano? — me preguntó.
— Piero jamás se meterá con algo que es mío. Ya no tiene ese poder — le dije.
Respeta