Al día siguiente, Jacob me despertó con la noticia de que mi padre estaba aquí, esperándome en la oficina. Yo tenía un muy mal presentimiento, y por la cara de Jacob, mi presentimiento era completamente cierto. Salí de mi habitación y fui a reunirme con mi padre. Apenas él me vio, se levantó de la silla, se acercó a mí y me abofeteó.
— ¿Qué pasó? — le pregunté.
Uno de sus hombres trajo a Mariano y lo lanzó a mis pies.
— No sabía que tenías tan buen corazón. Ahora, soluciona esta mierda — me dij