Cuando iba llegando a casa, un tipo salió de la nada, me agarró por el cuello y con la otra mano me tapó la boca. Me quedé quieta con el corazón desbocado. Fabien apareció frente a mí con una sonrisa.
— Hoy te quedarás conmigo — me dijo.
Me llevaron hasta un coche que estaba estacionado en la esquina, me metieron a la fuerza y terminé en el piso, sintiendo las lágrimas salir de mis ojos a cántaros.
— Deberías ceder un poco ante mí — dijo Fabien.
Me levanté y me senté en el asiento, mirándolo co