La sala de juntas del piso cuarenta y dos de Torre Alcázar olía a café frío y tensión acumulada.
Ximena había llegado quince minutos antes, necesitando esos momentos adicionales para transformarse completamente en la versión de sí misma que esta reunión requería. La mujer que acababa de descubrir que toda su identidad era mentira quedó guardada en algún compartimento sellado de su mente. Aquí, ahora, era solo la esposa de Sebastián Alcázar, la estratega que ayudaba a salvar su empresa.
El resto